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Lecciones bíblicas / Enseñanzas de Jesús

Un estudio bíblico ilustrado

¿Quién es mi prójimo? Aprendamos misericordia del buen samaritano

Lectura principal: Lucas 10:25–37
Lectura adicional: Santiago 2:18, 26

En este estudio
  1. Conocer la respuesta correcta
  2. Ver una necesidad y seguir de largo
  3. El samaritano se acerca
  4. El cuidado continúa más allá del camino
  5. La fe se hace visible por las obras
  6. Sea el prójimo que muestra misericordia
  7. Preguntas para reflexionar

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¿Quién es mi prójimo? · Incluye preguntas para reflexionar.

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Un viajero herido yace junto a un camino antiguo mientras dos hombres pasan a cierta distancia.
Un sacerdote y un levita ven al viajero herido, pero siguen de largo. Lucas 10:30–32.

Es posible conocer la respuesta correcta acerca del amor y, aun así, pasar de largo junto a alguien que lo necesita.

En Lucas 10, un hombre que conocía el mandamiento de Dios le pidió a Jesús que definiera quién era su prójimo. Jesús respondió con una parábola acerca de un viajero herido y tres respuestas muy distintas ante su sufrimiento.

El relato nos lleva a examinar a quiénes estamos dispuestos a ayudar y si nuestro conocimiento de la Palabra de Dios se está haciendo visible en nuestra conducta.

Conocer la respuesta correcta

Lea Lucas 10:25–29.

Un intérprete de la ley puso a prueba a Jesús con una pregunta sobre cómo heredar la vida eterna. Jesús lo remitió a lo que estaba escrito.

El hombre respondió con los mandamientos de amar a Dios de todo corazón y amar al prójimo como a sí mismo. Jesús confirmó que su respuesta era correcta.

Pero la conversación no terminó allí. Queriendo justificarse, el hombre preguntó quién era su prójimo. Sabía identificar el mandamiento. La cuestión era si aceptaría lo que ese mandamiento exigía de él.

Ver una necesidad y seguir de largo

Lea Lucas 10:30–32.

Jesús describió a un hombre que viajaba de Jerusalén a Jericó. Unos ladrones lo despojaron de su ropa, lo golpearon y lo dejaron medio muerto.

Un sacerdote lo vio y pasó por el otro lado. Un levita también siguió de largo.

Jesús no nos dice qué pensaban. Debemos evitar inventar excusas que el pasaje no ofrece. Lo que el relato deja claro es que ninguno de los dos viajeros lo ayudó después de verlo.

Sus cargos religiosos no hicieron que su respuesta fuera misericordiosa.

El samaritano se arrodilla junto al viajero herido y le venda cuidadosamente el brazo.
El samaritano se acerca y atiende sus heridas. Lucas 10:33–34.

El samaritano se acerca

Lea Lucas 10:33–34.

El siguiente viajero era un samaritano. Dada la hostilidad entre judíos y samaritanos, Jesús escogió un ejemplo que confrontaba a quien lo escuchaba.

El samaritano vio al hombre herido y tuvo compasión. Se acercó, trató sus heridas con aceite y vino, y las vendó.

La misericordia cruzó una barrera que el prejuicio podría haber mantenido. La necesidad del hombre se convirtió en una razón para acercarse, en lugar de una ocasión para decidir si pertenecía al grupo correcto.

El samaritano paga al mesonero mientras el viajero vendado descansa cerca.
La misericordia incluye un cuidado continuo y la disposición a asumir su costo. Lucas 10:34–35.

El cuidado continúa más allá del camino

Lea Lucas 10:34–35.

El samaritano montó al herido en su propia cabalgadura, lo llevó a un mesón y cuidó de él.

Al día siguiente le dio dos denarios al mesonero y prometió pagar cualquier gasto adicional cuando regresara. Su ayuda requirió recursos y una responsabilidad que continuaría después de marcharse.

Estos detalles hacen concreta la enseñanza. La compasión tuvo consecuencias para el viaje y los bienes de quien ayudó. Hizo más que reconocer el dolor de otra persona.

La fe se hace visible por las obras

Lea Santiago 2:18, 26.

Santiago enseña que la fe se demuestra mediante las obras. Lo que creemos debe orientar nuestra conducta.

Ese principio nos ayuda a examinar nuestra respuesta a esta parábola. Podemos aceptar que la enseñanza de Jesús es verdadera y, al mismo tiempo, posponer el servicio que nos pide. Una respuesta fiel comienza cuando la convicción se convierte en acción.

El crecimiento cristiano incluye aprender a actuar conforme a lo que Dios ha dicho y confiar en Él mientras obedecemos. El servicio y el sacrificio forman parte de esa vida de fe.

Piense en una oportunidad cotidiana: dedicar tiempo a alguien que necesita ayuda, compartir lo que tiene o cumplir una oferta de ayuda. Estas acciones expresan de forma práctica la fe que profesamos.

Sea el prójimo que muestra misericordia

Lea Lucas 10:36–37.

Al final, Jesús preguntó cuál de los tres había sido el prójimo del hombre herido. El intérprete de la ley identificó al que había mostrado misericordia.

Jesús le indicó que hiciera lo mismo.

La conversación pasó de tratar de identificar los límites de un deber a aceptar la responsabilidad de cumplirlo. Debemos examinar nuestra propia conducta con la misma seriedad.

Después de leer la parábola, podemos comenzar por identificar una oportunidad concreta de ayudar y dar el siguiente paso de obediencia.

Preguntas para reflexionar

  1. ¿Qué revela el deseo del intérprete de la ley de justificarse acerca del propósito de su pregunta?
  2. ¿Qué muestran el sacerdote y el levita sobre la diferencia entre un cargo religioso y una conducta misericordiosa?
  3. ¿Qué detalles muestran que la compasión del samaritano se convirtió en ayuda práctica?
  4. ¿Hay personas cuyas necesidades minimizo por su origen o por lo que siento hacia ellas?
  5. ¿Qué acto concreto de misericordia puedo realizar y cómo puedo llevarlo a cabo?

Las imágenes son ilustraciones de la parábola de Jesús generadas mediante inteligencia artificial.

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