Un estudio bíblico ilustrado
¿Qué significa ser sepultados con Cristo en el bautismo?
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¿Qué significa ser sepultados con Cristo en el bautismo? · Incluye preguntas para reflexionar.
Descargar audio (MP3)Pablo utiliza un lenguaje impactante en Romanos 6. Habla de morir, ser sepultados y resucitar, aunque escribe a personas físicamente vivas. ¿Qué les ha sucedido y por qué debe cambiar su manera de vivir?
Su respuesta relaciona el bautismo de ellos con la muerte y resurrección de Jesús. Este pasaje enseña tanto el significado de entrar en Cristo como la responsabilidad de vivir como alguien que le pertenece.
Por qué Pablo menciona el bautismo
Lea Romanos 5:20–21; 6:1–2.
Al final de Romanos 5, Pablo describe la abundancia de la gracia de Dios frente al pecado. Entonces plantea una posible objeción: ¿debemos continuar en el pecado para que la gracia aumente?
Su respuesta es una negativa rotunda. Quienes han muerto al pecado no pueden tratar una vida gobernada por él como la respuesta apropiada a la misericordia de Dios. La gracia no nos da una razón para conservar precisamente la esclavitud de la que Cristo nos libera.
Esta pregunta establece el contexto de la discusión sobre el bautismo. Pablo recuerda a los cristianos lo que les ha sucedido para explicar cómo deben vivir ahora. No debemos separar los versículos sobre el bautismo de su preocupación por continuar en el pecado.

Bautizados en su muerte
Lea Romanos 6:3–4.
Romanos 6:3–4 (RVR1960): «¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva».
Pablo relaciona el bautismo con Cristo mismo y con su muerte. Jesús realmente murió por nuestros pecados, fue sepultado y resucitó. No repetimos su sacrificio ni añadimos algo que le falte. Entramos en una relación con el Señor crucificado y resucitado.
El lenguaje de sepultura corresponde al bautismo por inmersión: una persona es sumergida en el agua y levantada de ella. Pero el argumento de Pablo va más allá de la semejanza externa. Habla de ser sepultados con Cristo y comenzar una nueva vida, no de realizar solamente una ilustración interesante.
Nuestra esperanza descansa en el Salvador que murió y resucitó, no en el agua considerada aparte de Él. La acción importa por el Señor a quien nos une y por la promesa que recibimos mediante la fe.
¿De quién es el poder que hace posible la nueva vida?
Lea Colosenses 2:12–13; Hechos 2:36–38.
Colosenses describe a los creyentes como sepultados con Cristo en el bautismo y resucitados con Él mediante la fe en el poder de Dios, quien resucitó a Jesús de los muertos. También habla de que Dios les dio vida con Cristo y perdonó sus pecados.
Ese pasaje mantiene unidas la fe, el bautismo y el poder de Dios. El bautismo no es un pago que compra el perdón. Tampoco es un uso mágico del agua sin confianza en Cristo. El creyente depende de Dios para hacer lo que el esfuerzo humano no puede lograr.
En Pentecostés, quienes oyeron a Pedro proclamar a Jesús como Señor y Cristo recibieron la instrucción de arrepentirse y ser bautizados en su nombre para el perdón de pecados, con la promesa del don del Espíritu Santo. Arrepentirse significa apartarse del pecado y volverse a Dios. No significa afirmar que ya somos moralmente perfectos.
Estos pasajes explican por qué el bautismo forma parte de nuestra respuesta al evangelio. No debemos quitarlo de esa respuesta ni tratarlo como sustituto de la fe y el arrepentimiento.

El antiguo amo pierde su dominio
Lea Romanos 6:5–11.
Pablo explica que nuestro viejo hombre fue crucificado con Cristo para que ya no seamos esclavos del pecado. La antigua vida bajo su dominio no debe conservar autoridad sobre quien ahora pertenece al Señor resucitado.
Morir al pecado no significa que desaparezca la tentación ni que un cristiano sea incapaz de hacer lo malo. Los mandamientos de Pablo en los versículos siguientes tendrían poco sentido si no quedaran decisiones por tomar. El cambio se refiere a nuestra relación con el pecado y al amo a quien servimos.
La muerte de Cristo ocurrió una vez para siempre, y la muerte ya no tiene dominio sobre Él. Quienes le pertenecen tienen una nueva identidad y la esperanza de vivir con Él. Debemos considerarnos muertos al pecado y vivos para Dios en Cristo Jesús.
Esto es más que pensar positivamente. Pablo pide a los cristianos reconocer la realidad de su relación con Cristo y vivir conforme a ella. La pregunta pasa a ser: ¿corresponde esta decisión a la vida de alguien que ahora le pertenece?

Andar en vida nueva
Lea Romanos 6:12–14; Efesios 4:25–32.
La nueva vida tiene consecuencias prácticas. Pablo dice a los creyentes que no permitan reinar al pecado en su cuerpo mortal ni presenten sus miembros como instrumentos de injusticia. En cambio, deben presentarse a Dios como personas que han pasado de muerte a vida.
Nuestras palabras, manos, atención y capacidades pueden servir a propósitos muy distintos. Una boca antes usada para engañar puede decir la verdad. Unas manos antes usadas deshonestamente pueden trabajar y compartir. Quien se aferraba a la amargura puede aprender a perdonar. Efesios 4 ofrece ejemplos concretos de este cambio de dirección.
Estos cambios responden a la gracia de Dios, no la sustituyen. Romanos 6:14 sitúa al cristiano bajo la gracia y no bajo la ley. En este pasaje, la gracia trae libertad del dominio del pecado y una razón para obedecer, no permiso para ignorar la voluntad de Dios.
Elija un área en que un hábito antiguo compita con su lealtad a Cristo. ¿Qué significaría ofrecer hoy esa parte de su vida a Dios? Sea específico sobre la acción que dejará y la acción fiel que practicará en su lugar.
Un comienzo que orienta todo el camino
Lea Romanos 6:4, 11–14; 1 Juan 1:7–9.
El bautismo no se presenta como la meta final del discipulado. Ser levantados para andar en vida nueva apunta a una vida continua con Cristo. Pablo recuerda su comienzo a creyentes bautizados porque debe seguir orientando sus decisiones.
Cuando los cristianos pecan, no deben excusarlo como algo sin importancia ni fingir que no ocurrió. Juan llama a los creyentes a andar en la luz y confesar sus pecados, confiando en la fidelidad de Dios para perdonarlos y limpiarlos. Seguimos dependiendo de Cristo, en lugar de volver voluntariamente al dominio del pecado.
Si está estudiando el bautismo, lea estos pasajes juntos y considere la respuesta que describen. Si ha sido bautizado en Cristo, permita que las palabras de Pablo renueven su comprensión de la vida a la que ha sido llamado. Ser sepultados con Él nos lleva a una vida dirigida por Él.
Preguntas para reflexionar
- ¿Cómo ayuda la pregunta de Pablo sobre continuar en el pecado a explicar por qué habla del bautismo?
- ¿Qué relaciona Romanos 6:3–4 con la muerte, sepultura y resurrección de Cristo?
- ¿Cómo mantiene Colosenses 2:12 nuestra atención en la fe y el poder de Dios?
- ¿Qué diferencia hay entre la libertad del dominio del pecado y la ausencia de toda tentación?
- ¿Qué parte concreta de su vida diaria puede presentar a Dios como instrumento de justicia esta semana?
Las imágenes son ilustraciones históricas generadas mediante inteligencia artificial, no fotografías de los sucesos ni retratos verificados.
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